"Luto en el 2x4: Falleció Mario Grossi, el alma de la Orquesta de Tango de Bahía Blanca" por José Valle
Con un nudo en el corazón, la música nacional despide a uno de sus referentes más queridos. En el día de ayer, en la ciudad de La Plata, falleció Mario Grossi, el maestro que hizo del violín un puente indestructible entre el asfalto mítico de Floresta y la brisa eterna de Bahía Blanca.Hay hombres que no solo tocan un instrumento; hay hombres que traducen el alma de un pueblo a través de cuatro cuerdas. Mario Grossi es uno de ellos. Su historia es la de un viaje de ida y vuelta entre el asfalto mítico de Floresta y la brisa del puerto en Bahía Blanca, uniendo en su arco el sentimiento porteño con el latido del "otro sur".
Nacido bajo el signo del barrio y el empedrado, Grossi supo desde temprano que el tango no era solo música, sino una "parcela de vida". Formado con los grandes maestros y fogueado en las filas de orquestas legendarias como las de Héctor Varela, Miguel Caló y Osvaldo Piro, Mario trajo consigo a Bahía Blanca un equipaje cargado de nostalgias cadeneras y un rigor técnico impecable.
Su radicación en nuestra ciudad en 1981 no fue solo un cambio de domicilio, fue un regalo para la cultura regional. Desde la Orquesta Sinfónica Provincial hasta sus míticos conciertos tributo a Pichuco y Astor Piazzolla, Grossi ha sido el puente entre la academia y el barro, entre el conservatorio y el café de esquina.
En tiempos donde la cultura suele quedar en segundo plano ante la urgencia económica, Grossi asumió un propósito casi quijotesco: fundar y sostener la Orquesta de Tango de Bahía Blanca. Con doce músicos en escena, desafió la adversidad por el puro placer de ver brillar el género.
Junto a su "cofrade musical", el pianista Lucio Passarelli, y a través de su entrañable Cuarteto Surtango, ha logrado capturar esa esencia que Arturo Toscanini definió como "la música popular más profunda del mundo". En trabajos como el disco El corazón al sur, Grossi no solo dirige; él evoca guapos, candombes y leyendas de barrio que parecen cobrar vida en cada compás.Escuchar el violín de Grossi es sentir el "embalurde" de los años 30, es ver a un "gordo triste" suspirar en el bandoneón y sentir la pasión criolla en su estado más puro. Su tema "Villa Mitre", con versos de Eduardo Giorlandini, es el testimonio definitivo de su amor por esta tierra que lo adoptó y a la que él le entregó su arte sin ataduras.
Como solía decir el maestro al invocar el espíritu de Pichuco: "¡Que hable el corazón!". Hoy, el corazón del tango habla a través de la nostalgia, pero también de la gratitud infinita de quienes pudimos vibrar al compás de su orquesta.
Hasta siempre, Maestro Grossi. Su violín ahora suena en la milonga de la eternidad.
Nacido bajo el signo del barrio y el empedrado, Grossi supo desde temprano que el tango no era solo música, sino una "parcela de vida". Formado con los grandes maestros y fogueado en las filas de orquestas legendarias como las de Héctor Varela, Miguel Caló y Osvaldo Piro, Mario trajo consigo a Bahía Blanca un equipaje cargado de nostalgias cadeneras y un rigor técnico impecable.
Su radicación en nuestra ciudad en 1981 no fue solo un cambio de domicilio, fue un regalo para la cultura regional. Desde la Orquesta Sinfónica Provincial hasta sus míticos conciertos tributo a Pichuco y Astor Piazzolla, Grossi ha sido el puente entre la academia y el barro, entre el conservatorio y el café de esquina.
En tiempos donde la cultura suele quedar en segundo plano ante la urgencia económica, Grossi asumió un propósito casi quijotesco: fundar y sostener la Orquesta de Tango de Bahía Blanca. Con doce músicos en escena, desafió la adversidad por el puro placer de ver brillar el género.
Junto a su "cofrade musical", el pianista Lucio Passarelli, y a través de su entrañable Cuarteto Surtango, ha logrado capturar esa esencia que Arturo Toscanini definió como "la música popular más profunda del mundo". En trabajos como el disco El corazón al sur, Grossi no solo dirige; él evoca guapos, candombes y leyendas de barrio que parecen cobrar vida en cada compás.Escuchar el violín de Grossi es sentir el "embalurde" de los años 30, es ver a un "gordo triste" suspirar en el bandoneón y sentir la pasión criolla en su estado más puro. Su tema "Villa Mitre", con versos de Eduardo Giorlandini, es el testimonio definitivo de su amor por esta tierra que lo adoptó y a la que él le entregó su arte sin ataduras.
Como solía decir el maestro al invocar el espíritu de Pichuco: "¡Que hable el corazón!". Hoy, el corazón del tango habla a través de la nostalgia, pero también de la gratitud infinita de quienes pudimos vibrar al compás de su orquesta.
Hasta siempre, Maestro Grossi. Su violín ahora suena en la milonga de la eternidad.


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