Aníbal Vitali: El maestro que unió a Bach con el 2x4 Por José Valle*

Hay vidas que se escriben con corcheas y se respiran a través de un fuelle. La de Aníbal Vitali comenzó con una pequeña "travesura" cronológica: nacido un 30 de diciembre de 1924, su abuelo logró anotarlo el 1 de enero de 1925. Aquel gesto, nacido para postergar un año el servicio militar, terminó regalándole al destino un hombre que viviría un siglo entero abrazado a la música.

Hijo de María Luisa Bedini y Pedro Vitali, Aníbal creció en el Noroeste, ese barrio de estirpe tanguera que él mismo definía como único. Fue allí, entre los pupitres de la Escuela 97 y la 11, donde el aire empezó a sonar distinto. A los 11 años, su padre le compró por 30 pesos un bandoneón Doble A de color rojo. No sabía entonces que esos 30 pesos eran la llave a la eternidad.
Su formación fue la de un erudito. Desde sus primeros pasos con Juan Pugliese y Olivo Parcaroli, hasta su perfeccionamiento con Buscarini y Tomassini, Vitali entendió que el bandoneón no era solo un instrumento de boliche, sino una herramienta de expresión universal. Por eso, no solo dominó el tango, sino que sus manos tradujeron con la misma maestría a Beethoven, Bach, Mozart y Bartok. Fue un puente viviente entre la Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca y los escenarios populares.
Su trayectoria fue un mapa de la época dorada. Tocó en los estudios de LU2 en la calle Donado; giró por Chile con Augusto Gauthier; brilló en Radio Splendid y en el mítico Tronío. Sus dedos acompañaron a las gargantas más grandes de nuestra historia: desde Francisco Fiorentino y Mercedes Simone hasta el "Polaco" Goyeneche (implícito en su época), Hugo del Carril, y voces bahienses entrañables como la de Roberto Achával.
Pero Aníbal no solo ejecutaba; él creaba y transmitía. Junto a Eduardo Giorlandini, le puso música a la identidad local con tangos como Barrio Hospital y Liniers. Y como maestro, bajo el rigor del Conservatorio Manuel de Falla, formó generaciones de músicos, siempre con la humildad de quien admira a sus pares. Profesaba una devoción por Alejandro Barletta y un respeto profundo por Antonio Volpe, a quien admiraba por su afán renovador. Incluso defendía con orgullo lo nuestro, destacando al artesano Humberto Bruñini, cuyas piezas —decía Aníbal— bien podrían llamarse "BB" en lugar de "AA", en honor a su amada Bahía Blanca.
El 27 de mayo de 2018, a los 93 años, el fuelle de Aníbal decidió descansar. Se fue el hombre que entendió que la música no tiene fronteras entre lo clásico y lo popular. Nos dejó el maestro, el vecino del Noroeste, el pilar de la Sinfónica y el alma de los bailes de club.
Hoy, cuando el viento de Bahía sopla entre las calles Malvinas o Rondeau, si uno presta atención, todavía se puede escuchar el eco de aquel bandoneón rojo, marcando el compás de una ciudad que nunca dejará de extrañarlo.
*El autor es gestor cultural, escritor, conductor radial y director del emblemático ciclo cultural "Bahía Blanca No Olvida"

Comentarios

Entradas populares de este blog

GIRAFAZ, LA NUEVA BANDA BAHIENSE QUE DEBUTA EN EL CAFÉ HISTÓRICO CON UN SHOW "EN CONCIERTO"

Con gran éxito finalizó el Histórico homenaje a Anibal Troilo en Bahía Blanca

Bahía Blanca le rindió un emotivo homenaje a Alfredo Le Pera